Singapore: La maldición de Brugal / The Brugal curse
2 September 2006 9:25 | In Nightlife, Singapore, Travel |
El Sábado me levanté ligeramente perjudicado tras el desfase de la noche anterior, me dirigí a mi mochila para pillar algo de ropa y entonces ocurrió, una de mis 3 preciosas botellas de Brugal que habían viajado desde Copenhage se cayo como a cámara lenta, ni siquiera estaba a cierta altura sino al nivel del suelo. No entiendo como pudo romperse, me sobrevive a un viaje de mil horas con transbordo incluido y se hace añicos a la mínima. Que desastre! Dicen que romper un espejo trae siete años de mala suerte, romper un Brugal a mi me trajo casi una semana. A partir de este momento nada fue bien. Y el caso es que la cosa prometía, Paul y yo nos bebimos una de las botellas supervivientes en su casa antes de ir a otro sitio donde había quedado con unos amigos suyos. La noche pintaba muy singapureña, allí estaba yo rodeado de asiáticos, más tarde había quedado con el ICEX de Singapur en Clark Quay, era Sábado, día fuerte de salir en Singapur, pero todo se estropeó… Primero hicimos Flint al amigo de Paul, Ben, primer Flint convertido en tierras asiáticas. A continuación, siguiendo el guión habitual tocó jugar a soplar cartas… y una vez más este inocente juego se cargo la noche. Para el que no lo sepa se trata de soplar cartas encima de una botella, el que sople la última o las tire todas se bebe un chupito. Me voy a plantear el volver a utilizarlo en este tipo de noches. Paul acabó terriblemente perjudicado y sus colegas no le iban a a zaga, espectáculo de individuos vomitando sin parar. No hubo forma de moverlos de allí para reunirse con el ICEX de Singapur y la noche acabó muy muy triste. Para olvidar…

Singaporean party…

Ben, the new flint

Playing cards..

Wasted…
Al día siguiente me levanto dándome cuenta de que la noche anterior me había quemado bastante considerablemente un dedo, curioso porque yo no fumo. En fin, que ese día tocaba comprar la cámara digital. Lo mío con las cámaras digitales es preocupante, llevo dos ya perdidas, con la excusa al menos que ocurrió en noches de estas “confusas” que tengo de vez en cuando. De cualquier forma, el caso es que me compro mi super cámera Fujifulm con mogollón de megapixels y todo el rollo habitual a un buen precio. Me subo en un taxi para volver a casa de Paul y cuando llego allí… la puta cámara no está!. Increíble pero cierto, fuí capaz de perderla en apenas una hora, sin alcohol de por medio. Aún no me explico cómo, supongo que la olvidé en el taxi pero de verdad que recuerdo haber mirado al bajarme. A causa de mis experiencias pasadas estaba bastante paranoico al respecto, Paul y yo habíamos estado bromeando al respecto cuando la compré. Como podeis imaginar, perder instantáneamente más de 200 euros no contribuyo a mejorar mi ánimo precisamente. Un montón de tiempo perdido volviendo al lugar a preguntar por la cámara por supuesto sin ningún éxito. No fue solo el dinero sino la mala leche que se te queda, la sensación de que Murphy planea sobre tí, todo lo que puede salir mal saldrá mal y no hay situación lo suficientemente mala como para que no pueda empeorar.
El resto de la semana en Singapur no aportó gran cosa, Paul aún arrastraba secuelas del día de las cartas y cada vez que salimos no había nada de ambiente, solo putas indonesias que no paraban de dar el coñazo. En fin, que mirando ahora hacia atrás, resulta claro que debería habeme movido más, quizás algún viaje a Malasia que pillaba cerca, sobraron días en Singapur que tampoco da mucho más de sí. El caso es que lo intente una noche que aparecí en la estación de autobuses a las 6 de la mañana a ver si podía pillar el primero que iba a Kuala Lumpur pero por supuesto resultó que lo habían cancelado y el siguiente no salía hasta las 10. Me fuí a casa con cara de muy pocos amigos.
Así que de estos días sólo se puede rescatar la hospitalidad de la familia de Paul (muchas gracias!) y la ruta gastronómica por Singapur, degustando a fondo la cocina asiática con esos plantos tan picantes que tanto me gustan. La situación exigía un cambio y este llegó en forma de escapada solitaria a la capital de Tailandia: Bangkok.
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