Easter Europe V: Vilnius, vodka lituano / Lithuanian vodka

3 July 2008 22:35 | In Eastern Europe Tour, Travel | english

Tras un corto vuelo en que lo más destacable que ocurrió fue que me tiré un zumo de tomate por encima llegue a Vilnius, capital de Lituania y penúltima etapa del tour. Más hospitalityclub allí, en esta ocasión conocido, Karolina, una chica que alojamos en Madrid hace ya tiempo en aquella época en que parecía que todos los lituanos del mundo se decidieron a visitar España al mismo tiempo. A pesar de mi insistencia en que yo me buscaba la vida, se empeñó en recogerme en el aeropuerto así que el momento llegada fue fácil y carente de emoción, una hora después de aterrizar ya estaba en su casa. Karolina vive en las afueras de Madrid, compartiendo casa con una familia de lituanos en el piso de abajo y habitación con Raimunda y una botella de vodka lituano que nos apretamos en un visto y no visto. Así da gusto llegar a un país nuevo, Jueves, 11 de la noche y asados como ratillas las dos simpáticas lituanas y yo nos íbamos de marcha al garito más golfo de la ciudad (nota para futuros castigadores visitantes: id al Prospekt). Buenorras por doquier, guiris atacando a machete y música de roce. Yo la verdad es que ya iba servido con lo que llevaba de casa, las dos lituanas se turnaron para darme unos meneos bastantes serios. Como ya sabeis los que me conoceis, bailar no es mi especialidad (algún cabrón ha llegado a llamarme Robocop), pero comparado con los lituanos y, con el adecuado suministro constante de vodka, al menos en mi beoda imaginación me sentí Juanes y me lo pasé en grande. Noche bastante surrealista y castigadora que, al menos esta vez, no me costó un amigo. No dejéis volar vuestra calenturienta imaginación que las dos lituanas acabaron durmiendo en una cama y yo en la otra ;-)

El vodka lituano debe ser de gran calidad porque me desperté fresco como una rosa. Mis dos lituanas tenían que currar pero no había problema, aún me quedaba otra lituana en la ciudad que a su vez llamó a otra lituana (esto me recuerda a la canción de las alemanas en la tienda de campaña) y castigador de la noche se transformó en castigador cultural y se merendó Vilnius de nuevo con ayuda local. Una vez más, recorrido turístico muy serio. Empezando por el castillo local, desde el que se tiene una perspectiva de toda la ciudad. Vilnius es un sitio curioso, escasos edificios altos y un cinturón de bosques rodeando la ciudad. Hay verde por todas partes y mogollón de iglesias salpican un agradable centro. Hay una tan bonita que al parecer el gorrón de Napoleón se la quiso llevar a Francia. Dovile y Kristine fueron, una vez más, unas guías perfectas que me llevaron en coche de un sitio a otro. Estuve en un sitio curioso llamado Balmonte que es como esas típicas fincas a las afueras de cualquier ciudad española donde la gente va a casarse y tal. Como de costumbre me apreté una comida local en condiciones (realmente deliciosa la sopa rosa que se ve en la foto) que me dejo en un estado casi de semi-inconsciencia y me obligó a tirarme en el césped a dormir otra de mis ya clásicas siestas viajeras. Después.. oh sorpresa! Al doblar una esquina un inconfundible y delicioso aroma llegó a mi nariz… un garito de cachimbas!! Alguien dijo que no sería capaz de aguantar todo el viaje sin ello y acertó, momento cachimba lituana  Además resultó que había nosequé festival báltico en un parque de la ciudad con música, comida y cerveza típicas así que allí pasamos la tarde.

Pero la ruta turística no acababa allí, de nuevo al coche y ruta al castillo de Trakai, a unos 20 km y enclavado en un parque natural con más de 200 lagos. Precioso lugar, aunque llegamos demasiado tarde como para entrar sólo el paisaje mereció la pena. Coincidió además con el anochecer así que las fotillos quedaron muy chulas. Realmente merece la pena irse hasta allí. El castillo se empezó a construir en el siglo XIV y, tras diversos abandonos y reconstrucciones ha perdurado hasta hoy. En la actualidad parece ser que se utiliza como lugar de conciertos de música clásica y ópera pero como no había forma de entrar tampoco puedo decir mucho más sobre cómo es por dentro. Además, ya sabeis, mi fuerte no es la cultura, al menos no la que se encuentra fuera de los bares… Así que os dejo las fotillos y el enlace a la Wikipedia“>wiki y con eso he cumplido :)

Poca fiesta nocturna esta vez, llegamos a casa de Karolina a las 11 y yo tenía que pillar un vuelo a Riga a las 5 de la mañana así que no era plan de repetir la jugada de Budapest y correr el riesgo de cagarla a estas alturas del viaje. Me limité a apretarme los últimos vasos de vodka lituano con un par de amigos de Karol. Por curioso que parezca necesitaba algo de compañía masculina, un poquito de conversación baloncestística (en Lituania el baloncesto es el deporte número 1) y un par de horitas de sueño antes de pillar el taxi al aeropuerto. Mi cuerpo empezaba a quejarse a voces de la paliza que estaba suponiendo el viaje pero de eso se trataba ¿no? No es tan fácil estar en 6 países en una semana, y menos mal que al final el viaje no había sido en coche que si no creo que hubiera acabado petando.

Así que, una vez más la acogida fue perfecta. Me estoy replanteando mi valor como anfitrión, yo a los guiris que vienen a verme lo único que hago, como mucho, es llevármelos de fiesta y casi no soy capaz de decirles lo que tienen que ver en Madrid. Las lituanas por el contrario se desvivieron conmigo y me tuvieron todo el día de un lado a otro. Así que, de nuevo, ronda de agradecimientos, a Karolina, Raimunda, Dovile y Kristine que saben que pueden venir a Madrid cuando quieran. Eso sí avisad con tiempo para que me empolle la ruta turística a realizar ;-)

Soy consciente de que mis posts están perdiendo profundidad y me da la impresión de que cada vez es menos interesante lo que escribo pero es que a estas alturas, casi dos semanas después del viaje, da bastante pereza escribir al respecto. Además, seamos sinceros, en realidad lo que le da salsa a este tipo de crónicas son las anécdotas y desgracias varias y en Vilnius, como en Lublin, todo fue rodado, desde el principio hasta el final. Ni grandes pedos, ni cambios de planes ni catástrofes alcohólicas, simplemente otra agradable experiencia hospitalityclub. Muy divertido para mí vivirlo pero seguramente aburrido para ti leerlo. Otra ciudad pequeña y agradable, más inmersión gastronómica y otra vez yéndome de un sitio con la sensación de que ví todo lo que había que ver.

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