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Asian Tour II: Shanghai

9 August 2008 23:05 | In Asian Tour II | english
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Me ha costado pero al fin he encontrado un ratito para escribir aquí. Mi espíritu bloguero está ahí, existe, pero por encima tiene una gran capa de pereza que le impide salir. Supongo que tiene también que ver con el hecho de que paso ocho horas al día sentado al ordenador en mi trabajo por lo que cuesta volver a él en mi tiempo libre. Tener que escribir todo en dos idiomas tampoco anima. Pero me acabo de pegar el viaje serio del verano y estaría mal no soltar algunas batallitas por aquí. El plan volvió a ser asiático, se está convirtiendo en una tradición, llega Agosto y un servidor se pira al lejano Oriente. En el 2006 fue Singapur y Bangkok, en el 2007 el gran tour asiático ICEX China – Taiwán – Japón y este verano, tras largas deliberaciones y planes abortados tocó islas filipinas y repetición del país del arroz tres delicias y los rollitos de primavera. Me idea era Sudamérica pero unos juegos olímpicos, un billete sorprendentemente barato de KLM y la presencia del gran José – Pekín fueron argumentos suficientes para volver a poner mi vista en Asia.

Así que tracé un plan maestro que comenzando en Shanghai me llevaría a Manila, después a Pekín y por último de vuelta a Shanghai. Al contrario que el reciente tour este – europeo, el plan asiático no perseguía ningún objetivo cultural. Pekín ya estaba visto, en Shanghai estaría casi de pasada y en Manila no había nada que ver. En este viaje se trataba de descansar, aprender a bucear, ver el ambiente de unos juegos olímpicos y castigar la noche. Así de sencillo y así de vulgar. Tras mucha investigación de vuelos, hospitalityclub y diversos y engorrosos trámites administrativos para conseguir el visado chino (por el tema olimpiadas estaban especialmente toca-pelotas), di con mis huesos en Shanghai el Sábado 9 de Agosto. Allí volaba el vuelo mega-barato de KLM (sólo 450 euro oiga) y bien que me venía porque así conocía algo más de China antes de sumergirme en los excesos filipino – pekineses.

En Shanghai no tenía contactos así que tuve que recurrir a HC que demostró ser igual de efectivo en Asia que en Europa. Me acogió allí Ángela, una simpática china que la primera noche me sacó de cena y copas. Fue un día largo aquel; para empezar, la noche anterior al viaje, y como es tradición acabé desfasando hasta las mil y llegué a currar con poquitas horas de sueño y mucho ron en las venas. A las 12pm hora del viernes salí disparado al aeropuerto y dormí la mona parte del interminable viaje vía Ámsterdam. Llegué allí sobre las 13pm hora china, cortesía de las 6 horas de diferencia horaria y mientras Ángela terminaba de currar me dediqué a buscar una tienda oficial Sony. ¿Qué por qué cojones lo primero que hago es eso? Pues es que resulta que en la desastrosa noche de Katerini no sólo perdí mi amistad con Giorgos sino también mi cámara (otra tradición más en mis viajes). Sin embargo, resulta que hace dos años que tengo otra muerta de risa en la habitación. Me la cargué en una accidentada noche en Estocolmo y cuando traté de arreglarla en Madrid me dijeron que la broma me iba a salir por más de 100 euros y tardarían como tres semanas en arreglármela. Así que en lugar de ello me compré una nueva que me acompañó todo este tiempo hasta la fatídica noche griega. De cara a este viaje, decidí tratar de arreglar la antigua, confiando en que los eficientes súbditos amarillos serían más capaces que sus homólogos españoles. Y, por una vez, no me equivoqué, arreglar la cámara en la Sony de Shanghai me costó 50 euros y una hora de espera. Así que esta es la curiosa historia de una cámara que compré en Bangkok, me cargué en Estocolmo, marginé en Madrid y arreglé en Shanghai.

Poco más vi de Shanghai aquella tarde, el típico mercadillo chino con brasillas tratando de venderte relojes, trajes, figuras de porcelana o a su madre si se la hubiera pedido. Poco que rascar por allí pero ya se acercaba la noche y Ángela me llevó a cenar a un típico restaurante de allí donde, admito que me faltó estómago para probar la especialidad de rana asada que sustituí como el guiri que soy con un más convencional cerdo picante. A continuación me llevaron de paseo por la zona más interesante de la ciudad, el Bund, un agradable paseo por la orilla del río con una vista impresionante de los rascacielos de Shanghai. Un poquito de historia al respecto de los mismos. Construir un edificio tocho en China tiene su misterio, no se trata de un montón de ladrillos uno encima del otro sino que resulta que estos simpáticos orientales buscan un simbolismo en todo lo que hacen. Las fotos que aparecen a continuación corresponden a dos de los más importantes: la torre Jin Mao y el centro financiero internacional de Shanghai SWFC. El primero tiene forma de bambú que se abre en las alturas, simbolizando la expansión del poder económico chino. La historia del segundo es aún más curiosa. Construido por Japón, rival histórico de China, inicialmente se pensó que su parte superior estuviera construida de forma que representará una enorme bandera japonesa. A los chinos esto les hizo poca gracia y presionaron para que no se hiciera así. Los japoneses cedieron pero la renuncia tenía truco. La forma final del edificio es la de un típico puñal japonés con lo que el simbolismo, aunque de distinta forma, sigue presente en la construcción. El SWFC es un puñal japonés clavado en el mismo centro del poderío económico chino. Que agudos los japos…

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Jin Mao Tower

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SWFC Shanghai

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Shanghai from the Bund

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Shanghai at Night

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Shanghai at Night II

La noche de Shanghai se prolongo después hasta bastante tarde, la zona de bares más típica allí es la llamada concesión francesa, un conglomerado de edificios de arquitectura occidental fruto de la colonización de Shanghai por parte de nuestros colegas gabachos. Fue una pasada rápida y nocturna por el lugar pero me pareció un sitio agradable para salir. Bastante más cosmopolita y menos chino que Beijing, con más guiris pululando y sitios con música en directo, discotecas enormes y en general un muy buen ambiente. Shanghai, desde mi muy superficial experiencia, parece un sitio más fácil para vivir que Beijing, sin renunciar al carácter chino pero más abierto quizás. Tuve hasta las 4 de la mañana para comprobarlo con lo cual aquel fue un día que duró unas 26 horas para mí. No resulta extraño entonces que la sucesiva noche durará unas 14 horas.

Me levanté el día siguiente a las mil y con pocas ganas de acción ya que tenía por delante otro vuelo a horas intempestivas para llegar a Manila. Lo único que hice en mi segundo día en Shanghai fue homenajearme con un gran masaje de hora y media. De los mejores que he tenido, especialmente la media hora que dediqué a mis pies. Es increíble lo relajado que te deja un buen masaje en los pies :) Tan relajado que perdí el bus al aeropuerto y tuve que coger un taxi. El chino debió de pensar que llegaba tarde a mi vuelo y se lanzó a un rally salvaje por las autopistas de Shanghai. O a lo mejor es que es costumbre en China pisar a fondo cuando un guiri te dice que le lleves a algún sitio. Recuerdo ahora una anécdota de mi anterior viaje asiático. Allí estábamos JuanPe – Dubái y yo, que teníamos que ir a Hong Kong desde el aeropuerto de una ciudad china cuyo nombre no recuerdo. El caso es que lo único que teníamos era una foto de una pantalla de ordenador en la que estaba escrito en chino “llévame a la estación del tren a Hong Kong”. Ese es otro tema del que ya hablaré, el nivel de inglés de los chinos en general es inexistente y además no puedes darles direcciones que no estén escritas en chino. Por muy experimentado viajero que uno sea es jodido moverse por allí.

Total, que eran las tantas de la noche y no teníamos muy claro a qué hora salía el último tren. Tras discutir bastante el precio con el taxista, éste empezó a correr como si estuviera disputando un premio de Fórmula Uno. Brutal, pitando a los coches que iban despacio por delante de nosotros haciendo eses, saltándose semáforos… En esta que vimos que se pasaba un cartel que decía “Railway Station”. Se lo comenté al chino y éste se pillo un rebote que no veas, se pasó el resto del camino imprecándonos en chino a la vez que le daba cera al coche. Al final resultó que en aquella ciudad había dos estaciones de y sólo de una de ellas salían trenes a Hong Kong. Resultó además que llegamos sólo 5 minutos antes de que el último de ellos saliera. De no haber sido por la conducción agresiva del colega jamás lo hubiéramos conseguido ¿Coincidencia o es que el chino se sabía el horario de los trenes Hong Kong? Me inclino a pensar lo segundo, el taxista chino era un tío honrado y yo fui un guiri gilipollas.

Así que la propina que debí haberle dejado a aquel se la di a éste que se puso contentísimo y un poco más y me abraza. Me dirigí al mostrador de facturación y aún me dio tiempo a tener la última anécdota del día cuando una filipina me pidió que le facturara una de sus maletas. No parecía muy sospechosa la mujer pero demasiadas historias de guiris que acaban en oscuras cárceles porque les pillan con maletas con droga como para arriesgarse. La tipa se paso el resto de la cola mirándome con resquemor pero poco me importaba, iba camino de las islas filipinas y mi única preocupación era que no me cayera encima un tifón.

2 Comments »

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  1. Paco! Me encanta leer tus aventuras de viajero! A ver si coincidimos rapido.
    Y ok, me had convencido de hacerme un masaje de pies tambien, que nunca lo he hecho pero hace mucho que quiero :)

    Un beso muy fuerte! Espero vernos pronto!

    tu guiri belga

    Comment by ellen — 6 September 2008 #

  2. Jajajaj, cómo mola la historia de la cámara.

    Comment by knocte — 15 September 2008 #

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