Singapore, the City
3 September 2006 9:30 | In Singapore, Travel | 55 Comments
Singapore is una ciudad bastante occidentalizada la verdad, con un centro financiero lleno de rascacielos que recuerda vagamente a Nueva York, abudantes zonas comerciales y un ambiente no tan asiático en el que no es raro ver europeos por las calles…

Singapore skylne
Paul and me
El léon es el símbolo de Singapur
Solo dos barrios se pueden considerar más característicos: Chinatown y el barrio malayo. Pero al final ambos resultan ser sólo una aglomeración de tiendas caza-turistas..


Y por supuesto una visitilla a la playa era obligada, con recuerdo para mis queridos ICEX incluido..


Para terminar una bonita vista aérea de la ciudad..

Singapore: La maldición de Brugal / The Brugal curse
2 September 2006 9:25 | In Nightlife, Singapore, Travel | 55 Comments
El Sábado me levanté ligeramente perjudicado tras el desfase de la noche anterior, me dirigí a mi mochila para pillar algo de ropa y entonces ocurrió, una de mis 3 preciosas botellas de Brugal que habían viajado desde Copenhage se cayo como a cámara lenta, ni siquiera estaba a cierta altura sino al nivel del suelo. No entiendo como pudo romperse, me sobrevive a un viaje de mil horas con transbordo incluido y se hace añicos a la mínima. Que desastre! Dicen que romper un espejo trae siete años de mala suerte, romper un Brugal a mi me trajo casi una semana. A partir de este momento nada fue bien. Y el caso es que la cosa prometía, Paul y yo nos bebimos una de las botellas supervivientes en su casa antes de ir a otro sitio donde había quedado con unos amigos suyos. La noche pintaba muy singapureña, allí estaba yo rodeado de asiáticos, más tarde había quedado con el ICEX de Singapur en Clark Quay, era Sábado, día fuerte de salir en Singapur, pero todo se estropeó… Primero hicimos Flint al amigo de Paul, Ben, primer Flint convertido en tierras asiáticas. A continuación, siguiendo el guión habitual tocó jugar a soplar cartas… y una vez más este inocente juego se cargo la noche. Para el que no lo sepa se trata de soplar cartas encima de una botella, el que sople la última o las tire todas se bebe un chupito. Me voy a plantear el volver a utilizarlo en este tipo de noches. Paul acabó terriblemente perjudicado y sus colegas no le iban a a zaga, espectáculo de individuos vomitando sin parar. No hubo forma de moverlos de allí para reunirse con el ICEX de Singapur y la noche acabó muy muy triste. Para olvidar…

Singaporean party…

Ben, the new flint

Playing cards..

Wasted…
Al día siguiente me levanto dándome cuenta de que la noche anterior me había quemado bastante considerablemente un dedo, curioso porque yo no fumo. En fin, que ese día tocaba comprar la cámara digital. Lo mío con las cámaras digitales es preocupante, llevo dos ya perdidas, con la excusa al menos que ocurrió en noches de estas “confusas” que tengo de vez en cuando. De cualquier forma, el caso es que me compro mi super cámera Fujifulm con mogollón de megapixels y todo el rollo habitual a un buen precio. Me subo en un taxi para volver a casa de Paul y cuando llego allí… la puta cámara no está!. Increíble pero cierto, fuí capaz de perderla en apenas una hora, sin alcohol de por medio. Aún no me explico cómo, supongo que la olvidé en el taxi pero de verdad que recuerdo haber mirado al bajarme. A causa de mis experiencias pasadas estaba bastante paranoico al respecto, Paul y yo habíamos estado bromeando al respecto cuando la compré. Como podeis imaginar, perder instantáneamente más de 200 euros no contribuyo a mejorar mi ánimo precisamente. Un montón de tiempo perdido volviendo al lugar a preguntar por la cámara por supuesto sin ningún éxito. No fue solo el dinero sino la mala leche que se te queda, la sensación de que Murphy planea sobre tí, todo lo que puede salir mal saldrá mal y no hay situación lo suficientemente mala como para que no pueda empeorar.
El resto de la semana en Singapur no aportó gran cosa, Paul aún arrastraba secuelas del día de las cartas y cada vez que salimos no había nada de ambiente, solo putas indonesias que no paraban de dar el coñazo. En fin, que mirando ahora hacia atrás, resulta claro que debería habeme movido más, quizás algún viaje a Malasia que pillaba cerca, sobraron días en Singapur que tampoco da mucho más de sí. El caso es que lo intente una noche que aparecí en la estación de autobuses a las 6 de la mañana a ver si podía pillar el primero que iba a Kuala Lumpur pero por supuesto resultó que lo habían cancelado y el siguiente no salía hasta las 10. Me fuí a casa con cara de muy pocos amigos.
Así que de estos días sólo se puede rescatar la hospitalidad de la familia de Paul (muchas gracias!) y la ruta gastronómica por Singapur, degustando a fondo la cocina asiática con esos plantos tan picantes que tanto me gustan. La situación exigía un cambio y este llegó en forma de escapada solitaria a la capital de Tailandia: Bangkok.
Singapore: Arrival and First Night
1 September 2006 9:16 | In Nightlife, Singapore, Travel | 432 Comments
Y llego el momentó, Jueves 30 de Septiembre, 10 de la noche, aeropuerto de Copenhagen, primera escala de un viaje que finalmente me permitirá explorar algo no europeo. Por delante tengo unas 9 horas de vuelo a Bangkok y después otras dos para aterrizar finalmente en Singapore, mi destino final, donde me espera mi buen amigo Paul. No pasa nada, el avión de las Scandinavian Airlines se supone que está equipado con todo tipo de entretenimientos: películas a elegir, juegos, distintos canales de música, llevo un libro enorme cortesía de Iván pero… según me instalo en el asiento me quedo completamente cocido y me despierto con el anuncio de que estamos aterrizando en Bangkok
, así si que se pasan rápido los viajes. Algo tendrá que ver la juerga de la noche anterior que me permitió sólo dos horas de sueño. En fin, de cualquier forma ya estoy en Bangkok, pequeñas personas amarillas de ojos rasgados me rodean por todas partes, tengo dos horas de espera hasta coger mi vuelo a Singapur, ¿qué puedo hacer?. Pues la respuesta esta clara, que me den un buen masaje tailandés. Hay un garito en mitad del aeropuerto donde unas tipas con mascarillas dan masajes de pies y de espalda a los fatigados viajeros. Media hora por unos 5 o 6 euros, al cabo de la cual no sabía si me sentía relajado o totalmente jodido. Los masajes tailandeses son así, hay momentos en que la tipa realmente te está haciendo un daño de cojones, debe haber un punto de masoquismo en toda esta cultura. Pero el caso es que te levantas de allí pensando que te acaban de joder la espalda para unos cuantos días pero luego sí que es verdad que la sientes más relajada.
En fin, que tras la breve experiencia Thai me meto en el otro avión y llego a Singapore sin novedad. Allí me espera Paul en el aeropuerto, nos metemos en un taxi y para su casa. Me sorprende que Paul se comunica con el taxista en inglés y es que Singapore es una ciudad muy “inglesizada”, como consecuencia de haber sido colonia de los hijos de la gran pu.. perdón, de los hijos de la Gran Bretaña todo está escrito en inglés, se conduce por el lado contrario y hay carteles de París Hilton por todas partes. Paul vive en un conjunto de bloques de pisos (en esta ciudad casi todo son edificios altísimos) con piscina y muy bien situado respecto al centro. Tras una tarde que transcurre sin demasiadas novedades nos disponemos a salir, rumbo a Clark Quay, zona guiri sinpagureña donde las haya. Ambiente muy internacional por aquí, bebidas increíblemente caras y malas, yo lo describiría como un granizado de Bacardi a 8 euros. En fin, que tiro de cartera y consigo ponerme a tono. Acabo colegueandome a unas inglesas (de algo tendría que servir mi estancia allí) y nos cuelan por la patilla en un garito muy chulo llamado Attica. Allí me encuentro con unos exiliados españoles con los que cambio algunas impresiones acerca del lugar.
Me dispongo a pedirme algo en la barra cuando veo a un tipo que parece ser que se ha comprado una botella de Absolut Vodka para él solo, tiene servidos delante de él en la barra unos 8 vasos. Me ve y me pregunta que si soy capaz de bebermelos con él, con mucho sacrificio le ayudo a deshacerse de semejante carga tan pesada, el tipo es muy simpático, me lo colegueo y oh! sorpresa! es inglés! Tiene cojones, 3 años en ese país y en una noche en Singapore ya he socializado más con un británico que en todo ese tiempo. En fin, que la noche resulta divertida, risas y chupitos con el inglés, que resulta que va acompañado de su mujer. Nadie diría que lo es porque la susodicha me pega unos meneos de miedo ante la mirada sonriente del colega, supongo que es algún tipo de juego que se traen entre ellos. Yo me olvido de complicaciones y me dedico a beberme el Vodka y a hablar con los españoles hasta que el garito cierra. Lo dicho, una noche divertida ![]()
Pero resulta que con la jugada inglesa se me ha perdido Paul que se ha pirado a casa ya. Me toca una vez más orientarme tajado en una ciudad desconocida. No pasa nada, la casa de Paul no está lejos. En esto que estoy llegando y veo a una asiática de unos 16 años doblada sobre sí misma en el arcén en un estado de insconciencia casi total, con todas sus pertenencias desparramadas a su alrededor. Mi mente ebria me exige ayudarla, me siento con ella, pongo sus cosas en el bolso de nuevo y me la llevo en brazos lejos del arcén antes de que algún tajao nos atropelle a los dos. Creo que pocas veces he visto a alguien tan sumamente perjudicado, no tienen ningún control de lo que dice ni hace, está todo zombie. No exagero cuando digo que probablemente me pasé alrededor de una hora intentando que me dijera su dirección para pedirle un taxi. No tengo ni idea de si entiende inglés o no pero como estoy medio tajao yo también me pongo increíblemente cabezón y no la dejo tranquila. Por fin la tipa reacciona un poco, consigo levantarla y entonces de pronto va y se me abraza y se pone a llorar a cántaros y a contarme una movida larguísima en chino. De verdad que me encantaría saber que le pasaba a la pobre. Permanecemos en esa curiosa situación un buen rato hasta que por fin pasa un taxi, lo paro y la meto en él no sin antes asegurarme de que ya se acuerda de donde vive. Y entonces según se va el taxi mi nueva “amiga” asiática me mira por primera vez a la cara desde la ventanilla del taxi y se despide de mí, ese tipo al que nunca va a volver a ver y del que mañana probablemente ni se acuerde, con un gesto de la mano. Joder, la verdad es que esto igual así leído resulta absurdo pero en ese momento, a las 8 de la mañana y en aquel lugar tan remoto, me sentí el hombre más bueno del mundo. Me voy a casa sintiendo que he hecho la buena acción del año…
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